La Paja, el Carbón y el Frijol

Un cuento Grimm divertido sobre tres pequeños viajeros, un arroyo y la marca oscura de los frijoles.

La Paja, el Carbón y el Frijol

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Capítulo 1: La Fuga de la Cocina.

Una anciana puso una olla de frijoles sobre el hogar. Junto a ella |fuego tibio crepitó suavemente|, y removía la cena con una cuchara de madera. Echó un puñado de frijoles, pero uno pequeño saltó fuera y se escondió cerca de una paja.

La olla burbujeó, y |agua goteó en olla| desde la cuchara mientras la anciana miraba a otro lado. Un carbón brillante rodó desde el fuego y cayó cerca de ellos, quejándose de estar cansado de quemarse.

La paja susurró que los tres debían irse antes de que la olla se calentara más. Se deslizaron bajo la mesa, esperaron hasta que |la puerta de cocina crujió| con el viento de la tarde, y salieron al patio como tres pequeños aventureros.

Capítulo 2: Tres Viajeros en el Camino.

El frijol saltaba primero, redondo y orgulloso. La paja crujía detrás, y el carbón brillaba con cuidado para no quemar el camino. Pronto |pasos sobre grava sonaron| por la senda cuando pasaron la puerta del jardín y dijeron adiós a la chimenea humeante.

Junto a los setos, |aire del bosque murmuró suavemente| alrededor de ellos. El frijol dijo que encontrarían un país donde nadie hirviera la cena. El carbón quería una cama fresca, y la paja decía que cualquier lugar sin ollas sería un paraíso.

Bromearon tanto que olvidaron mirar el camino. Por fin llegaron a un arroyito donde |arroyo claro corrió cerca| entre piedras cubiertas de musgo. No había puente, tabla ni pato dispuesto a llevarlos.

Capítulo 3: El Puente de Paja.

La paja, por ser larga y valiente, se estiró de una orilla a la otra y se ofreció como puente. El carbón le dio las gracias y pisó encima. A mitad de camino, la paja sintió el calor y tembló.

Con un crujido, |paja seca crujió de repente| justo en el centro. Por un instante todo quedó quieto, hasta el arroyo pareció escuchar. El carbón gritó, rodó hacia delante, y |carbón cayó al agua| con un silbido que hizo bailar vapor sobre el arroyo.

El frijol quedó seguro en la orilla. Primero contuvo el aliento, pero luego la escena le pareció tan tonta que |el frijol rió muchísimo|. Rio y rio hasta que su pequeño costado se abrió.

Capítulo 4: La Puntada del Sastre.

Justo entonces un sastre viajero bajó por el camino. Llevaba aguja, hilo y un corazón bondadoso. Al oír al frijol pedir ayuda, |un viajero llamó suavemente| en un poste de la cerca para anunciarse antes de arrodillarse junto al arroyo.

El sastre sacó hilo negro de su bolsa, porque era el color que tenía. Al sol, |aguja pequeña brilló suavemente| mientras cosía el costado abierto del frijol con las puntadas más pequeñas que nadie había visto.

El frijol le dio las gracias, aunque todavía reía al recordar al carbón en el agua. El sastre sonrió y dijo que una buena puntada puede sujetar hasta una risa imprudente.

Desde aquel día, muchos frijoles llevan una marca oscura en el costado, como si recordaran a su primo risueño. Y cada vez que el sastre contaba el cuento en la aldea, |todos aplaudieron la lección|: las aventuras salen mejor cuando los amigos piensan antes de saltar.

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