El Ganso de Oro

Un cuento de los Grimm sobre bondad, encanto y la risa que cambia un reino.

El Ganso de Oro

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Capítulo 1: El Hijo Más Bondadoso.

Hace mucho tiempo, junto a un gran bosque verde, un leñador tenía tres hijos. Los dos mayores presumían de su fuerza y se burlaban del menor, a quien todos llamaban Simple porque hablaba con dulzura y confiaba con facilidad. Una mañana, el mayor llevó pastel y vino para cortar leña. Pronto |hachas resonaron por el bosque|, pero cuando un hombrecito gris le pidió un bocado y un sorbo, se negó. Poco después, el hacha resbaló y le hirió el brazo, así que volvió a casa avergonzado. El segundo hijo fue después y fue igual de poco amable. También regresó antes del atardecer.

Por último, el menor pidió intentarlo. Su padre le dio pan duro y cerveza agria, pero el muchacho los aceptó con alegría. En el bosque encontró al mismo hombrecito gris y compartió todo lo que tenía. Se sentaron junto a un árbol viejo mientras |el fuego crepitó suavemente| y se calentaron las manos en el frío de la tarde. El muchacho habló de su padre, del invierno duro y de su deseo de ayudar en casa. El hombrecito probó aquella comida sencilla como si fuera un banquete. Entonces |el hombrecito rió alegremente| y dijo: "Como tu corazón es generoso, corta ese árbol." El muchacho obedeció. Bajo las raíces encontró un ganso con plumas brillantes como el sol. Cuando lo levantó, |el ganso dorado brilló| e iluminó el musgo alrededor de sus botas.

Capítulo 2: La Extraña Procesión.

El muchacho llevó el ganso a una posada para pasar la noche. Las hijas del posadero vieron las plumas relucientes y desearon arrancar solo una. Después de la cena, la mayor tocó el ganso, pero su mano quedó pegada. La segunda intentó apartarla y también quedó pegada. La tercera quiso ayudar y se unió a ellas.

Al amanecer, el muchacho dio las gracias al posadero y siguió su camino con las tres hermanas detrás. Afuera, |pasos crujieron sobre grava| cuando el grupo cruzó el patio. Un mozo adormilado corrió para liberarlas, luego llegaron un sacerdote y un escribiente, y cada uno quedó pegado al último. Cuando |la puerta de posada crujió| a sus espaldas, más vecinos salieron a mirar. Algunos niños contaron la fila, y una anciana se santiguó con sorpresa. El muchacho no reprendió a nadie. Siguió llevando el ganso por el camino, mientras |personas susurraron muy asombradas| ante la fila que crecía con cada mano curiosa.

Capítulo 3: La Princesa que Rio.

En aquel reino vivía una princesa que no había reído durante muchos años. Su padre prometió que quien lograra hacerla reír se casaría con ella, porque creía que la alegría debía volver al palacio. Muchas personas ingeniosas probaron trucos, canciones y máscaras pintadas, pero la princesa siguió callada y triste.

Cuando el muchacho entró en la plaza del palacio, el ganso dorado resplandecía en sus brazos y la larga cadena de hermanas, mozo, sacerdote, escribiente y vecinos tropezaba detrás de él. La escena fue tan inesperada que |la princesa rió fuerte|, primero despacio y luego hasta que lágrimas alegres brillaron en sus ojos. El rey se alegró, pero el orgullo lo hizo dudar. Ordenó al muchacho conseguir pan para todos los pobres, bebida para todos los viajeros sedientos y un barco que navegara por tierra y agua. El hombrecito gris volvió en cada tarea y ayudó al muchacho, porque la bondad había abierto el camino. Al caer la tarde, |el patio se volvió fiesta|, todas las tareas estaban cumplidas y la procesión fue liberada con cuidado.

Capítulo 4: La Boda Dorada.

El rey ya no pudo negar su promesa. Comprendió que el hijo menor no había vencido por fuerza, discursos astutos ni ropas ricas, sino por un corazón generoso. La princesa sonrió cuando el muchacho se inclinó ante ella, y el ganso dorado descansó orgulloso a sus pies.

En la mañana de la boda, |trompetas sonaron desde la torre| y se esparcieron flores sobre las piedras del palacio. El hombrecito gris permaneció al borde de la multitud, sonriendo tan discretamente como había aparecido en el bosque. Cuando la princesa y el muchacho bondadoso se tomaron de las manos, |todos aplaudieron la pareja feliz|. Desde aquel día, ningún viajero hambriento fue rechazado en la puerta del palacio y ninguna persona humilde fue despreciada por ser sencilla. Incluso el viejo rey aprendió a recibir a los pobres por su nombre. Al anochecer, |la campana nupcial sonó| sobre el reino, y el ganso de oro brilló suavemente con la última luz.

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